Traducción por Ruben Arvizu.
Click here for the English version (originally published by Truthout).
Las guerras del siglo pasado han ofrecido lecciones importantes para la paz. Entre ellas se encuentran:
Las guerras nacen en la mente de los hombres (y mujeres) y se basan a menudo en las mentiras de los líderes.
Las guerras se producen cuando no son esperadas en absoluto.
Los políticos y los generales mandan a los jóvenes a luchar y morir.
Las guerras pueden consumir generaciones enteras de jóvenes.
Las guerras no son heroicas, son sangrientas y aterradoras.
Las guerras de ahora matan más civiles que combatientes.
Matanzas a larga distancia y drones hacen que las guerras sean mucho menos personales.
Cualquier guerra de hoy conlleva el riesgo de una conflagración nuclear y el omnicidio (la muerte de todos).
Los términos de la paz después de una guerra pueden plantar las semillas de la paz o las semillas de la próxima guerra.
Las mejores maneras de prevenir la guerra ilegal son la lucha no violenta y hacer a nuestros líderes responsables de los crímenes de Nuremberg: crímenes contra la paz (la guerra de agresión), los crímenes de guerra, y crímenes contra la humanidad.
Desgraciadamente las lecciones dadas, no se traducen necesariamente en experiencia adquirida. Los filósofos han advertido que debemos aprender las lecciones del pasado, si vamos a aplicarlas en el presente y cambiar el futuro. En un mundo con armas nucleares, el problema se hace aún más urgente. Como Einstein advirtió: “El poder desencadenado del átomo ha cambiado todo excepto nuestra forma de pensar y por lo tanto vamos a la deriva hacia una catástrofe sin precedentes.” Hoy en día, el aprendizaje de estas lecciones para la paz y el cambio de nuestros modos de pensar para ponerlas en práctica son necesarias para asegurar de que exista un futuro.

Vivimos en un vasto universo con miles de millones de galaxias, cada una de ellas compuesta de miles de millones de estrellas. Nuestra casa es un pequeño planeta que gira en torno a un pequeño sol en una galaxia remota. Se localiza a la distancia justa del sol, no es demasiado caliente ni demasiado fría para albergar vida. Dispone de aire respirable, agua que es potable, y suelo apto para los cultivos. En la inmensidad del espacio, es un objeto muy pequeño, al que el gran astrofísico y comunicador Carl Sagan se refería como un “punto azul pálido”. Nuestra Tierra es el único lugar que conocemos que alberga vida. Es la más preciada de las riquezas que podamos imaginar.