Author: Richard Falk, David Krieger and Robert Laney

  • Carta Abierta al Pueblo Estadounidense: Responsabilidad Política en la Era Nuclear

    Traducción de Rubén Arvizu. Click here for the English version.

    Queridos conciudadanos:

    Por su supuesta prueba de una bomba de hidrógeno a principios de 2016, Corea del Norte recordó al mundo que el peligro nuclear no es algo abstracto, sino una amenaza continua que los gobiernos y los pueblos del mundo ignoran su alcance . Incluso si la prueba no fue de una bomba de hidrógeno, sino de un arma atómica más pequeña, como muchos expertos sugieren, debemos recordar que  vivimos en la Era Nuclear, una edad en la que un accidente, un error de cálculo, la locura o algo intencional podría conducirnos  a una devastadora catástrofe nuclear.

    Lo más notable de la Era Nuclear es que nosotros, los humanos, por nuestro ingenio científico y tecnológico, hemos creado los medios para nuestra propia desaparición. Actualmente, el mundo se enfrenta a muchas amenazas para el bienestar humano, e incluso la supervivencia de la civilización, pero aquí nos centramos en los graves peligros particulares que plantean las armas nucleares y la guerra nuclear.

    Incluso un relativamente pequeño intercambio nuclear entre India y Pakistán, con cada país utilizando 50 armas nucleares como la usada en Hiroshima y lanzadas entre sus ciudades, podría dar lugar a una hambruna nuclear, matando a unas dos mil millones de personas de las más vulnerables del planeta. Una guerra nuclear entre los EE.UU. y Rusia podría destruir la civilización en una sola tarde y enviar las temperaturas de la Tierra en picada hacia una nueva edad de hielo. Tal guerra podría destruir la más compleja vida en el planeta. A pesar de la gravedad de este tipo de amenazas, están siendo ignoradas, lo que es moralmente reprobable y políticamente irresponsable.

    Estados Unidos está en medio de las campañas más reñidas para determinar los candidatos de los dos principales partidos políticos rumbo a la carrera  presidencial de 2016, y sin embargo, ninguno de los principales candidatos para las nominaciones han expresado la menor  preocupación acerca de los peligros que enfrentamos de una guerra nuclear Se trata de un descuido terrible. Refleja la negación y la complacencia que desconecta al pueblo estadounidense de los riesgos del uso de las armas nucleares en los años venideros. Esta desconexión amenazante se ve reforzada por los medios de comunicación, que no han logrado que los candidatos expresen durante los debates su pensar sobre ese armamento apocalíptico y ha ignorado el tema en su cobertura de televisión y prensa, incluso hasta el punto de excluir a voces que expresan la preocupación de su páginas de opinión. Consideramos que es urgente poner estas cuestiones de nuevo en la pantalla del radar de la conciencia pública.

    Estamos consternados de que ninguno de los candidatos para el cargo de más poder en la Tierra no ha presentado aún ningún plan o estrategia para poner fin a las actuales amenazas de aniquilación nuclear, ninguno ha desafiado los gastos previstos de 1 trillón de dólares para modernizar el arsenal nuclear de Estados Unidos, y ninguno ha destacado que EE.UU. está en incumplimiento de sus obligaciones de desarme nuclear en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear. En los debates presidenciales ha sido un tema inexistente, y escandaliza que los candidatos no planteen la cuestión en sus muchos discursos públicos y los medios de comunicación por no traer el tema a debate.  Como sociedad,  después de décadas de mal manejo, estamos fuera de contacto con el más aterrador desafío para el futuro de la humanidad.

    Hay nueve países que actualmente poseen armas nucleares. Cinco de ellos son partes en el Tratado de No Proliferación Nuclear (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China), y están obligados por ese tratado de negociar de buena fe para el cese de la carrera armamentista nuclear y el desarme nuclear. Los otros cuatro países con armas nucleares (Israel, India, Pakistán y Corea del Norte) están sujetos a las mismas obligaciones en virtud del derecho internacional consuetudinario. Ninguno de los nueve países con armas nucleares se ha involucrado en este tipo de negociaciones, una realidad a la que deberíamos de reaccionar con  ira y frustración, y no, como es ahora el caso, con indiferencia. No es sólo Estados Unidos el responsable de la situación actual de la negación y la indiferencia. En todo el mundo hay una falsa confianza en que, debido a que la Guerra Fría ha terminado y las armas nucleares no se han utilizado desde 1945, los peligros que antes asustaban y preocupaban a la gente ahora pueden ser ignorados.

    En lugar de cumplir con sus obligaciones de desarme nuclear negociado, todos los nueve países con armas nucleares dependen de la disuasión nuclear y se dedican a programas de modernización que mantendrán sus arsenales activos a través del siglo 21 y tal vez más allá. Por desgracia, la disuasión nuclear en realidad no proporciona seguridad a los países con arsenales nucleares. Más bien, es una hipótesis sobre el comportamiento humano, que es poco probable que se mantenga con el tiempo. La disuasión nuclear ha estado a punto de fracasar en numerosas ocasiones y sería totalmente ineficaz, si un grupo terrorista tomara posesión de una o más armas nucleares, ya que no teme a las represalias y de hecho las desea. Además, ahora que el mundo está embarcado en una nueva carrera armamentista nuclear, inquietante recuerdo de la Guerra Fría, al aumentar los riesgos de enfrentamientos y crisis entre los principales estados que poseen armas nucleares también se incrementa la posibilidad de su uso.

    Como ciudadanos de un país con armas nucleares, también somos víctimas de ellas.  John F. Kennedy vio claramente que “Todo hombre, mujer y niño vive bajo una espada de Damocles nuclear, colgada por el más delgado de los hilos, capaz de ser cortado en cualquier momento por accidente o error de cálculo, o por la locura. Las armas de guerra deben ser abolidas antes de que nos desaparezcan.”  Lo que el presidente Kennedy expresó claramente hace más de 50 años sigue siendo cierto hoy en día, y más aún que las armas proliferan y grupos extremistas se acercan a la posibilidad de adquirirlas.

    Los que tienen el poder y el control sobre las armas nucleares podrían convertir este planeta, con su maravillosa variedad de vida, en una carbonizada Hiroshima global. ¿Debería cualquier líder político o gobierno mantener tanto poder? ¿Deberíamos permitir que tal poder absoluto esté al alcance de alguien?

    Es hora de poner fin a la era de las armas nucleares. Estamos viviendo un tiempo prestado.  EE.UU., como el país más poderoso del mundo, debe jugar un papel de liderazgo en la convocatoria de las negociaciones. Para que ese liderazgo sea eficaz en lograr  el cero nuclear, los ciudadanos estadounidenses deben despertar a la necesidad de actuar y presionar a su gobierno para actuar y animar a los otros ocho países con armas nucleares, que presionen a sus gobiernos para lograr esa meta. No se debe ser apático, conformista, ignorante o vivir en la negación. Todos debemos tomar medidas si queremos salvar a la humanidad y todas las formas de vida, de la catástrofe nuclear. Bajo este espíritu, estamos en una etapa en la que necesitamos un movimiento de solidaridad mundial que se dedique a crear conciencia sobre la creciente amenaza nuclear, y la urgente necesidad de actuar a nivel nacional, regional y mundial para revertir las fuertes corrientes militaristas que están empujando el mundo cada vez más cerca del precipicio nuclear.

    Las armas nucleares son la amenaza más inmediata  para la humanidad, pero no son la única tecnología que está haciendo estragos en el futuro de la vida.  La escala de nuestro impacto tecnológico sobre el medio ambiente (principalmente la extracción de combustibles fósiles y su uso) también está provocando el calentamiento global y el caos climático, con aumentos previstos en los niveles del mar y muchas otras amenazas – acidificación de los océanos, el clima extremo, los refugiados por los cambios climáticos y las constantes sequías – causarán la muerte masiva y el desplazamiento de poblaciones humanas y animales.

    Además de las amenazas tecnológicas para el futuro humano, muchas personas en nuestro mundo sufren de hambre, enfermedades, la falta de vivienda y la falta de educación. Cada persona en el planeta tiene derecho a una nutrición adecuada, salud, vivienda y educación. Es profundamente injusto permitir que los ricos se hagan más ricos mientras que la gran mayoría de la humanidad se hunde en la pobreza más profunda. Es inmoral gastar nuestros recursos en la modernización de las armas de exterminio masivo, mientras que un gran número de personas siguen sufriendo los estragos de la pobreza.

    Hacer todo lo posible para mover el mundo a un cero nuclear, sin dejar de ser sensibles a otros peligros apremiantes, es nuestra mejor oportunidad para asegurar un futuro benevolente para nuestra especie y su entorno natural. Podemos empezar por cambiar la apatía por la empatía, la conformidad con el pensamiento crítico, la ignorancia con la sabiduría, la negación con el reconocimiento, y el pensamiento a la acción para responder a las amenazas que representan las armas nucleares y las tecnologías asociadas con el calentamiento global, y la necesidad de terminar el sufrimiento humano derivado por la guerra y la pobreza.
    Los países más ricos están siendo desafiados por los flujos migratorios de personas desesperadas que se cuentan por millones y por el hecho de que más de mil millones de personas en el planeta sufren de hambre crónica y otros dos mil millones están desnutridas, lo que resulta en el generalizado retraso en el crecimiento entre los niños y causa de otras enfermedades . Mientras que librar al mundo de las armas nucleares es nuestro principal objetivo, estamos conscientes de que la institución de la guerra es responsable del caos y que también debemos desafiar la mentalidad militarista si alguna vez vamos a disfrutar de una paz duradera y seguridad en nuestro planeta .

    El destino de nuestra especie está en la balanza como nunca antes. La cuestión que se nos plantea es si la humanidad tiene la visión y la disciplina necesaria para renunciar a los deseos superfluos, principalmente los lujos materiales y la dominación de nuestros semejantes, permitiendo así que todos nosotros y las generaciones venideras tengan  existencias dignas de ser vividas. Es incierto si la especie humana superará este desafío. Las evidencias actuales no son tranquilizadoras.

    El tiempo es corto y lo que está en riesgo es la civilización y cada cosa pequeña y grande, que cada uno de nosotros ama y atesora en nuestro planeta.

    Los autores están afiliados a la Nuclear Age Peace Foundation con base en Santa Bárbara, California. (www.wagingpeace.org)

    Rubén D. Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation.

  • Political Responsibility in the Nuclear Age: An Open Letter to the American People

    This article was originally published by The Nation.

    Dear fellow citizens:

    By their purported test of a hydrogen bomb early in 2016, North Korea reminded the world that nuclear dangers are not an abstraction, but a continuing menace that the governments and peoples of the world ignore at their peril.  Even if the test were not of a hydrogen bomb but of a smaller atomic weapon, as many experts suggest, we are still reminded that we live in the Nuclear Age, an age in which accident, miscalculation, insanity or intention could lead to devastating nuclear catastrophe.

    What is most notable about the Nuclear Age is that we humans, by our scientific and technological ingenuity, have created the means of our own demise.  The world currently is confronted by many threats to human wellbeing, and even civilizational survival, but we focus here on the particular grave dangers posed by nuclear weapons and nuclear war.

    Even a relatively small nuclear exchange between India and Pakistan, with each country using 50 Hiroshima-size nuclear weapons on the other side’s cities, could result in a nuclear famine killing some two billion of the most vulnerable people on the planet. A nuclear war between the U.S. and Russia could destroy civilization in a single afternoon and send temperatures on Earth plummeting into a new ice age.  Such a war could destroy most complex life on the planet.  Despite the gravity of such threats, they are being ignored, which is morally reprehensible and politically irresponsible.

    The White HouseWe in the United States are in the midst of hotly contested campaigns to determine the candidates of both major political parties in the 2016 presidential faceoff, and yet none of the frontrunners for the nominations have even voiced concern about the nuclear war dangers we face.  This is an appalling oversight.  It reflects the underlying situation of denial and complacency that disconnects the American people as a whole from the risks of use of nuclear weapons in the years ahead.  This menacing disconnect is reinforced by the media, which has failed to challenge the candidates on their approach to this apocalyptic weaponry during the debates and has ignored the issue in their television and print coverage, even to the extent of excluding voices that express concern from their opinion pages.  We regard it as a matter of urgency to put these issues back on the radar screen of public awareness.

    We are appalled that none of the candidates running for the highest office in the land has yet put forward any plans or strategy to end current threats of nuclear annihilation, none has challenged the planned expenditure of $1 trillion to modernize the U.S. nuclear arsenal, and none has made a point of the U.S. being in breach of its nuclear disarmament obligations under the Nuclear Non-Proliferation Treaty.  In the presidential debates it has been a non-issue, which scandalizes the candidates for not raising the issue in their many public speeches and the media for not challenging them for failing to do so.  As a society, we are out of touch with the most frightening, yet after decades still dangerously mishandled, challenge to the future of humanity.

    There are nine countries that currently possess nuclear weapons.  Five of these nuclear-armed countries are parties to the Nuclear Non-Proliferation Treaty (U.S., Russia, UK, France and China), and are obligated by that treaty to negotiate in good faith for a cessation of the nuclear arms race and for nuclear disarmament.  The other four nuclear-armed countries (Israel, India, Pakistan and North Korea) are subject to the same obligations under customary international law.  None of the nine nuclear-armed countries has engaged in such negotiations, a reality that should be met with anger and frustration, and not, as is now the case, with indifference.  It is not only the United States that is responsible for the current state of denial and indifference.  Throughout the world there is a false confidence that, because the Cold War is over and no nuclear weapons have been used since 1945, the nuclear dangers that once frightened and concerned people can now be ignored.

    Rather than fulfill their obligations for negotiated nuclear disarmament, the nine nuclear-armed countries all rely upon nuclear deterrence and are engaged in modernization programs that will keep their nuclear arsenals active through the 21st century and perhaps beyond.  Unfortunately, nuclear deterrence does not actually provide security to countries with nuclear arsenals.  Rather, it is a hypothesis about human behavior, which is unlikely to hold up over time.  Nuclear deterrence has come close to failing on numerous occasions and would clearly be totally ineffective, or worse, against a terrorist group in possession of one or more nuclear weapons, which has no fear of retaliation and may actually welcome it.  Further, as the world is now embarking on a renewed nuclear arms race, disturbingly reminiscent of the Cold War, rising risks of confrontations and crises between major states possessing nuclear weapons increase the possibility of use.

    As citizens of a nuclear-armed country, we are also targets of nuclear weapons.  John F. Kennedy saw clearly that “Every man, woman and child lives under a nuclear sword of Damocles, hanging by the slenderest of threads, capable of being cut at any moment by accident, or miscalculation, or by madness.  The weapons of war must be abolished before they abolish us.”  What President Kennedy vividly expressed more than 50 years ago remains true today, and even more so as the weapons proliferate and as political extremist groups come closer to acquiring these terrible weapons.

    hiroshimaThose with power and control over nuclear weapons could turn this planet, unique in all the universe in supporting life, into the charred remains of a Global Hiroshima.  Should any political leader or government hold so much power?  Should we be content to allow such power to rest in any hands at all?

    It is time to end the nuclear weapons era.  We are living on borrowed time.  The U.S., as the world’s most powerful country, must play a leadership role in convening negotiations.  For the U.S. to be effective in leading to achieve Nuclear Zero, U.S. citizens must awaken to the need to act and must press our government to act and encourage others elsewhere, especially in the other eight nuclear-armed countries, to press their governments to act as well.  It is not enough to be apathetic, conformist, ignorant or in denial.  We all must take action if we want to save humanity and other forms of life from nuclear catastrophe.  In this spirit, we are at a stage where we need a robust global solidarity movement that is dedicated to raising awareness of the growing nuclear menace, and the urgent need to act nationally, regionally and globally to reverse the strong militarist currents that are pushing the world ever closer to the nuclear precipice.

    Nuclear weapons are the most immediate threat to humanity, but they are not the only technology that could play and is playing havoc with the future of life.  The scale of our technological impact on the environment (primarily fossil fuel extraction and use) is also resulting in global warming and climate chaos, with predicted rises in ocean levels and many other threats – ocean acidification, extreme weather, climate refugees and strife from drought – that will cause massive death and displacement of human and animal populations.

    In addition to the technological threats to the human future, many people on the planet now suffer from hunger, disease, lack of shelter and lack of education.  Every person on the planet has a right to adequate nutrition, health care, housing and education.  It is deeply unjust to allow the rich to grow richer while the vast majority of humanity sinks into deeper poverty.  It is immoral to spend our resources on modernizing weapons of mass annihilation while large numbers of people continue to suffer from the ravages of poverty.

    Doing all we can to move the world to Nuclear Zero, while remaining responsive to other pressing dangers, is our best chance to ensure a benevolent future for our species and its natural surroundings.  We can start by changing apathy to empathy, conformity to critical thinking, ignorance to wisdom, denial to recognition, and thought to action in responding to the threats posed by nuclear weapons and the technologies associated with global warming, as well as to the need to address present human suffering arising from war and poverty.

    The richer countries are challenged by migrant flows of desperate people that number in the millions and by the realization that as many as a billion people on the planet are chronically hungry and another two billion are malnourished, resulting in widespread growth stunting among children and other maladies.  While ridding the world of nuclear weaponry is our primary goal, we are mindful that the institution of war is responsible for chaos and massive casualties, and that we must also challenge the militarist mentality if we are ever to enjoy enduring peace and security on our planet.

    The fate of our species is now being tested as never before.  The question before us is whether humankind has the foresight and discipline necessary to forego some superfluous desires, mainly curtailing propensities for material luxuries and for domination of our fellow beings, thereby enabling all of us and succeeding generations to live lives worth living.  Whether our species will rise to this challenge is uncertain, with current evidence not reassuring.

    The time is short and what is at risk is civilization and every small and great thing that each of us loves and treasures on our planet.

    The authors are affiliated with the Santa Barbara based Nuclear Age Peace Foundation.

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